La inteligencia emocional del viajero

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viajerosMe encuentro entre una encrucijada. Nueva toma de decisiones. ¿Quedarme o irme? ¿Vivir en el extranjero otra vez o apostar por España? Siempre he decidido irme y experimentar una aventura,  pero esta vez es diferente. Porque ahora no lo elijo yo. Ahora recibo una llamada con un destino asignado y ahora, no sé qué hacer. Los deseos de trabajar fuera de España no deberían tener efecto retroactivo. Y ahora, me dan unas horas para tomar una decisión. Según la psicóloga Elaine N. Aron, “las personas altamente sensibles son más conscientes de las sutilezas y de los detalles que dificultan la toma de decisiones“. Y sí, soy una persona altamente sensible, lo reconozco.

Y es que es importante saber cómo es uno mismo. Ya desde hace tiempo se habla de la inteligencia emocional. Estos inteligentes emocionales, al parecer son más felices que el resto, jaja. ¡Así que yo quiero serlo! De hecho, considero que las personas viajeras son altamente emocionales, en términos de inteligencia. Al menos comparten rasgos, según las características que D. Goleman ofrece en su obra La Inteligencia Emocional:

  1. AUTOMOTIVACIÓN. ¿Cómo no sería posible que un viajero se fuera a vivir sus periplos si no tienen su yo interno animando el cotarro? Creo que no soy la única a la que llaman loca por marcharse y que necesita su propio apoyo interno para largarse sin contemplaciones.
  2. EMPATÍA. Si vives en un pais que no es el tuyo, la única forma de sobrevivir es comprendiendo a los demás (y no me refiero por el idioma). La predisposición del viajero a entender cómo funcionan otras culturas y su habilidad de adaptación ha de ser parte de su día a día.
  3. HABILIDADES SOCIALES. El ser  extranjero te hace ser más abierto y tener un rádar especial cuando te cruzas con un compatriota, cosa que tal vez en tu país no haces, en las mismas circunstancias. Todos los españoles somos amigos a pesar de nuestras diferencias, y desarrollas una capacidad de supervivencia social que no conocías, cuando estás lejos de casa.
  4.  AUTOCONOCIMIENTO EMOCIONAL. La gente que se queda en un lugar, que no es exploradora y que directamente no te entienden por marcharte, no ven que la diferencia entre ellos y los que viajamos no es mucha. Nosotros somos conscientes del gusanillo ante lo desconocido, al igual que tendrían ellos. Simplemente ya identificamos esa emoción. Antes de mis “mudanzas” a Londres y NYC, recuerdo no haber pegado ojo la noche anterior. ¿Normal? ¡Claro! Es ya parte de mi rutina viajera.

Y para cumplir con las características de un inteligente emocional por excelencia, el viajero tendrá que enfrentarse a sus emociones y controlarlas.

-Manejar la melancolía. Los días tristes siempre pueden venir y es natural trasladarse a tiempos pasados mejores, pero no podemos anclarnos en la depresión. Podéis leer algunos consejos en La soledad de la gran ciudad.

-Reconocer los miedos.- La idea de que la gente valiente no tiene miedo es mentira. Todos lo tenemos porque es la reacción defensiva que parte de nuestro instinto de supervivencia. Los viajeros tenemos que ser amigos del miedo y pensar éste es una nimiedad frente a la experiencia que viviremos.

– Considerar el viaje como un método de aprendizaje.- Un retorno no puede considerarse un fracaso puesto que viajar es en sí mismo un aprendizaje. Según el bloggero y viajero Iván Marcos, “El  conocimiento de uno mismo, la madurez, el desarrollo de habilidades sociales o los conocimientos interculturales son considerados por muchos como algunas de las habilidades que el viaje proporciona en una intensidad muy superior al que se produce en nuestra realidad cotidiana.”

¿Alguien se dio por aludido?

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