Lavarse las manos después de hacer pis

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Cuando las chicas van al baño de las discotecas en Londres o en Nueva York, siempre encontrarán a una mujer que les ofrecerá papel higiénico. Debe ser una tradicional milenaria, de esas que tienen su evolución en la wikipedia porque la señora lleva incorporado con el set, no sólo el papel de baño sino un sin fin de complementos higiénicos dignos de cualquier tocador. Muchos de ellos al principio de las generaciones tal vez no existieron, como los preservativos, pero con el paso de los años, al haber sido inventados, se han ido añadiendo a la cesta de compra para las aves nocturnas.

mujer que limpia en un club de Londres. Foto realizada por Channel 4.

En mi caso, lo único que una vez le compré a la señora de turno fue chupachups, ya que el olor de muchos baños a veces traen mal sabor de boca. En ese sentido,  los desodorantes también tienen su razón de ser en esa tiendecilla improvisada, que siempre está en un rincón, al lado del espejo de los aseos, pero muchas lo ven como uso personal más que como ambientador.

Esas señoras no suelen cobrar, o al menos eso es lo que a mí me dijeron. Viven de las propinas de las chicas que van a empolvarse la cara (o la nariz). El caso es que la cultura del baño en los países anglosajones es diferente al de España. De hecho, el otro día, mientras esperaba la cola en uno,  en un garito de Madrid, discutí las diferencias con varias chicas, unas españolas y otras extranjeras, y todas me dieron la razón:

En España, las chicas van al baño y al menos que sea estrictamente necesario, no se lavan las manos. De hecho, nos miramos en el espejo tras salir del retrete y nos damos el toque de color que se robó alguna mejilla con anterioridad. Sin embargo, las chicas del norte son más higiénicas para esas cosas. No hay quien salga del baño sin lavarse, y ahí está la mujer, lista para darle papel con que secarse, pendiente de si después cae alguna moneda en el platito. Muy paradójico ese plato, ése que después le dará de comer.

Cuando vivía en Londres y Nueva York, me sentía diferente si no hacía ese ritual… con las cosas higiénicas no hay que jugar. Si te llaman guarra, que sea por otras cosas. El caso es que un día, por rebeldía, decidí irme de un baño neoyorkino sin lavarme las manos. Mi sorpresa fue cuando la señora del papel me recriminó el no haberlo hecho. “Cogerás una enfermedad“, me gritó. Yo me reía con cierta guasa, pues un poco más y me dice “morirás por pecadora“. Sentía que había un tinte puritano en su comentario. Me conpadecí. Tampoco era plan de explicarle a la escandalizada mujer que casi nunca las manos se ensucian pues el adorado papel está siempre en medio del tinglado. Pero el caso es que la señora me echó el discurso de su vida, captando la atención del resto de mujeres congregadas, y ahí aprendí que la próxima vez, mejor no enfrentarme con la mujer del baño. Sería mejor lavarse las manos después de hacer pis.

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